Mi tierra sabe a CAMPO

Las preparaciones en esta sección exaltan la relación con el campo y con los productos locales. Se presenta la idea de que la cocina empieza por el acceso directo a los ingredientes, por aprovechar lo que produce la tierra y valorar los animales, frutas, vegetales, tubérculos y cereales que están al alcance. Todo esto se ve enriquecido por la variedad de productos y climas que se encuentran en el país y las prácticas culturales y gastronómicas a las que han dado lugar.

Algunos de los y las jóvenes hablan del trabajo de la tierra, de las semillas y de la recuperación de productos autóctonos, dando valor a la posibilidad de llevar los ingredientes directamente de la huerta a la olla. Por su parte, para quienes los ríos y los mares han sido parte del espacio que habitan, los peces y los mariscos aparecen como centro de las preparaciones, también como muestra de que incluso en momentos de escasez y pobreza no falta el alimento. En estos relatos las relaciones con el campo se narran desde una vivencia personal; desde la experiencia recogiendo los productos de la tierra, viendo cultivar o pescar a abuelos y padres.

En otras historias, sin embargo, el campesino es exaltado como una figura distante. Algunos y algunas jóvenes observan lo rural desde una óptica urbana, lejana pero también curiosa y respetuosa. Estas historias hablan de la compleja interacción que existe entre el campo y la ciudad y de la comprensión de que la gastronomía debe partir del aprecio por los productores y productoras.